jueves, 5 de agosto de 2010

ELIAS CANETTI, VALLEJO E HIROSHIMA




Arriba la portada del libro „Auto de fe“ de Elias Canetti; al lado, foto de César Vallejo.



„Contra el Fukú hay que cruzar los dedos y decir zafa“


Junot Díaz

La Maravillosa vida breve de Oscar Wao



„Hay golpes en la vida tan fuertes... yo no sé!“ escribió el poeta peruano César Vallejo en uno de sus poemas más conocidos: „Los heraldos negros“. Nefasto es el recuerdo que se avecina a mi puerta, porque este 6 de agosto se cumplen 65 años del lanzamiento de la bomba de Hiroshima: un tema tabú entre las víctimas y sobrevivientes. Un asunto que vuelvo a leer en todos los medios de prensa y que una voz como la de Hideto Sotobayashi, sobreviviente de esa hecatombe, lo recuerda, despellejando al silencio en respuestas entrecortadas en un reportaje que publica el diario alemán Süddeutsche Zeitung de la ciudad de München (1).


Hay impulsos ocasionales e inesperados que pueden dar una orientación a la vida“, leo en la página 28 del maravilloso libro „Auto de fe“. Eso de maravilloso no es una exageración, es simplemente una verdad tan igual como el teorema de Pitágoras que dice que en un triángulo rectángulo, el cuadrado de la longitud de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos:

c² = a² +b²


„Auto de fe“ es un libro fundamental para adentrarse en la literatura de Elias Canetti. La vez pasada, cuando conversaba sobre este autor, la persona que me escuchaba me mencionó el libro „La sombra del viento“ de Carlos Ruiz Zafón, cuando le contaba la aventura del chiquillo lector que se queda a pasar la noche en una inmensa librería para tratar de leer los diez mil volúmnes que alberga. Pero la oscuridad se lo impide y se pone triste, luego descubre con terror que por la noche los libros son hojeados por fantasmas. Diez mil libros y sobre cada uno un fantasma acluclillado (2).


A mi interlocutora le dije que leer a Carlos Ruiz Zafón es maravilloso (al menos el libro mencionado), pero le invité amablemente a probar suerte con Canetti y que la próxima nos encontraríamos para hablar no sólo de Ruiz Zafón o Elias Canetti, sino también sobre las pequeñas cosas de la vida, porque en las cosas más sencillas a veces se esconde la gran filosofía y porque „hay impulsos ocasionales e inesperados que pueden dar una orientación a la vida“.


No quería hablar sobre Canetti, pero el texto con que comienzo esta escritura me recuerda un poema de W. H. Auden „Funeral Blues“. Un poema tan triste como cuando un padre entierra a su hijo o viceversa. Toda muerte produce tristeza, pero esa tristeza, que es parte de nosotros en cualquier momento de nuestra existencia nos demuestra que hay algo sumamente dialético a la tristeza entre nosotros: la risa, la felicidad, la alegría, la algarabía, el regocijo, la buena suerte. Y eso lo sabemos porque conocemos su antípoda. „Funeral Blues“, me arrastra irremediablemente al poema tristísimo „Llanto por Ignacio Sánchez Mejía“ de García Lorca, y este a „Poema 20“ de Pablo Neruda, y este a „Ars vivendi“, de Juan Cobos Wilkins, y este a „Un hombre pasa con un pan al hombro“ de César Vallejo, y así sucesivamente hasta llegar a „!Adios! de Alfonsina Storni o „Mi piano azul“ de Else Lasker-Schüler.


Este último poema trata sobre un piano solitario escondido en un sótano porque arriba se despanzurran los hombres en plena Segunda Guerra Mundial, y a eso quería volver, porque le voy dando rodeos a la tristeza y al recuerdo, porque este 6 de agosto de 2010 se cumplen 65 años del lanzamiento de la bomba en Hiroschima y acabo de leer, decía, un reportaje a uno de los sobrevivientes de esa hecatombe Hideto Sotobayashi en el Süddeustche Zeitung. En aquel entonces Sotobayashi tenía 16 abriles y era un privilegiado entre los niños ya que en plena guerra muchos menores de edad estaban obligados a trabajar para la industria. El cuenta la anédocta de cómo se libró del trabajo y cómo llegó a ingresar al colegio, dice que los militares le preguntaron que dónde tendría un tercer ojo si Dios se lo diera, a lo que él contestó: en el dedo.


Cuenta además sobre el momento en que cayó la bomba. Recuerda que él estaba paradojicamente en la clase de química (hoy es químico de profesión, quizá por el amor odio que le produce el uranio). Recuerda además que rescató a su amigo Komyo, quien tenía, después de la explosión, una oreja colgando. Su madre murió tres dias después, a los 35 años de edad. Al final habla de sus miedos de una amenaza nuclear y del temor de que todos pendemos de un hilo cuando se habla de la existencia de un peligro atómico en el cual un dedo podría pulsar un botón y afectar a 6 millardos de personas. De eso tiene miedo Hideto Sotobayashi. Yo también. ¿Auto de fe? ¿Die Blendung? ¿Hiroshima? ¿Hay tantas preguntas qué responder?. De esas también tengo miedo.

Abajo les apunto el poema del poeta más más grande que ha dado la literatura en castellano: César Vallejo. Vallejo murió antes del inicio de la segunda guerra mundial, pero experimentó su tufo profético durante la guerra civil española.


LOS HERALDOS NEGROS


César Vallejo


Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!



(1) Hideto Sotobayashi: Ich überlebte Hiroshima


(2) Auto de fe. Elias canetti. De Bolsillo 2006. Traducción y edicißon de Juan José del solar. Página 29.

miércoles, 4 de agosto de 2010

SOBRE „DIETARIO VOLUBLE“ DE ENRIQUE VILA-MATAS, TALES DE MILETO Y LA PEREZA


A la izquierda, la carátula del libro „Dietario voluble“ de Enrique Vila-Matas. Editorial Anagrama http://www.anargrama-ed.es/ . A la derecha, el segundo teorema de Tales de Mileto. Fuente: http://symploke.trujaman.org/


„Lo más sabio es el tiempo, porque esclarece todo“


Tales de Mileto



„Cuando la pereza te hace infeliz, tiene el mismo valor que el trabajo“ leo en la página 80 del libro „Dietario voluble, un jugoso cuaderno de notas de Enrique Vila-Matas que encanta. Voy atravesando el ecuador del referido libro y a estas alturas, cuando me veo al espejo y me digo que desde el lunes gozo de vacaciones no dejo de cavilar con estas palabras talladas a rajatabla venidas al recuerdo del escritor nacido en Barcelona y que fuera provocado por el recuerdo de Oblómov en la frase de Jules Renard: „Cuando la pereza te hace infeliz, tiene el mismo valor que el trabajo“.


Dietario voluble me lo trajo de Málaga mi estimada Marta Maria, tras su visita a una escuela de idioma español para extranjeros. Espero que Marta, que procede de la tierra de Herta Müller, la premio Nobel de Literatura 2009, pronto tenga la oportunidad de leer tan alta literatura como produce Enrique Vila-Matas. El libro tiene en la portada una foto muy curiosa: reconozco la espalda del escritor, quien enfundado en una camisa oscura introduce cuatro dedos de su mano derecha en la parte superior trasera de sus pantalones, topando finamente su correa de cuero. La otra mano no se ve. Pero la foto impresiona porque me da la sensación que el escritor quiere sostener sus pantalones o quizá sea la manía física de apoyarse en algo mientras piensa en sus adentros.


Estos cuadernos de notas se pueden leer pausadamente, porque cada texto cambia de espacio y de tiempo, y el lector se pierde placenteramente a través de recuerdos, experiencias cotidianas, recuerdos de lecturas pasadas, sorpresas del día a día que el escritor vive. Sus opiniones seducen y te invitan a cavilar. Como ejemplos un par de líneas: „...es bien sabido que una minoría selecta hay una mayoría de imbéciles“( página 51). „Y es que ningún escritor es bueno hasta que aprende a corregir“ (página 52). „Si vas en taxi al aeropuerto, corres el peligro de que el conductor te machaque con cualquier emisora de radio fascista de esas que te insultan personalmente“ (página 156).


A mí me encantan estos cuadernos divididos en capítulos desde el 2005 hasta el 2008, sobre todo me ha hecho reír esa historia que cuenta cuando al escritor se le bloqueó el ordenador a tres horas de presentar unos textos a la imprenta, y aquel en donde aborda la obsesión que tiene el escritor por el incio de una novela y en la que además toca los más impresionantes inicios de novelas, ratificando lo que también siempre he sentido: el comienzo de la novela de Albert Camus, „El extranjero“ (aunque Vila-Matas diga que le había impresionado cuando era un infante) y, el cual no sé por qué me recuerda a las primeras páginas del capítulo „La Parte de Fate“, del libro 2666 de Roberto Bolaño. En ese mismo texto, Vila-Matas, habla igualmente del inicio grandioso de la novela Los Detectives salvajes; de Rayuela de Julio Cortazar y del Ulises de James Joyce.


Y ahora que han comenzado mis vacaciones de verano, las cuales me llevarán, entre otras latitudes interiores o exteriores, a volver a unos de los lugares más hermosos de Andalucía, Cádiz, la ciudad más antigua de Europa, en donde tengo previsto adentrarme una vez más al Parque Nacional de Doñana, a volver a tomar un buen Jerez desde la tierra del Jerez, en Jerez de la Frontera, y a recordar mis amores pasados recorriendo Puerto de Santa María, la ruta del toro, San Lucar de Barrameda, Tarifa y, quizá ,Conil de la Frontera. Y después de España y continuando mi periplo -de no hacer nada y olvidarme de „cuando la pereza te hace infeliz, tiene el mismo valor que el trabajo“- me iré a recorrer los santuarios que recorría el primer filósofo de la historia Tales de Mileto, considerado el iniciador de la indagación racional sobre el universo, allá por los montes de Turquía. Me escaparé por allí, con mi mochila, mi bolígrafo, mi libreta de apuntes y con las enormes ganas de tapar el sol con un dedo. Va por ustedes.

lunes, 2 de agosto de 2010

KARLSRUHE Y LOS 250 AÑOS DE POETA JOHANN PETER HEBEL

Abajo, portada del libro sobre Johann Peter Hebel „Humanität und Lebensklugheit für jedermann“ de Franz Littmann www.suttonverlag.de . Arriba, afiche del homenaje que la ciudad de Karlsruhe organizó en el 250 aniversario del nacimiento del poeta.



"Armer Kannitverstan", rief er aus, "was hast du nun von allem deinem Reichtum?

Johann Peter Hebel (Basel, 1760 – Schwetzingen 1826)



Por Jose Carlos Contreras


Escribir el nombre del poeta Johann Peter Hebel, cuyo 250 aniversario de su nacimiento se recuerda este 2010, me lleva irremediablemente a pensar en los viejos diaros que guardaba en el segundo piso de mi casa en Perú y que un día los eché a la basura; en uno de ellos, en La Prensa de Lima, leí un editorial que señalaba que siempre habría ricos y pobres en el mundo. Esa premisa provocó en mi infancia insufladas discusiones con mis amigos de barrio y de la escuela: tendríamos nueve o diez abriles, recuerdo. Johann Peter Hebel me devuelve a la memoria esa premisa porque cuando terminé de leer su cuento Kannitverstan, que es un cuento con mucho humor, corto, sencillo y maravilloso, me dejó el mismo sabor.


Kannitverstan aborda la historia de un chico de habla alemana que llega a Amsterdam y fascinado por todo lo que ve allí recorre el puerto, allí observa una deslumbrante mansión y pregunta a quién pertenece la hermosa casa y la respuesta que recibe es „Kannitverstan“, que trasladado del holandés al alemán sería algo como „ich kann dich nicht verstehen“, yo no te entiendo. Como para hacer breve la cosa, termino indicando que el jovenzuelo luego de quedar fascinado por la belleza de la rica mansión observa pasar por la calle un cortejo fúnebre, y él quiere saber quién ha muerto y recibe la misma respuesta: „Kannitverstan“. Al final nuestro joven personaje, creyendo que el muerto es el señor Kannitverstan, filosofa sobre el mismo destino que tiene el pobre y el rico: la muerte.


El cuento está provisto de un finímisimo humor negro y sobre todo del factor sorpresa que lleva siempre un buen relato, pero hay un asunto que me ronda la cabeza desde que leí Kaninntverstan, porque al ser identificado el joven personaje como un obrero alemán se puede llegar a pensar que el poeta Johann Peter Hebel quería trasladar a las masas de las primeras décadas del siglo XVIII el mensaje de que hay que aceptar nuestro destino y que siempre en la vida habrá ricos a pobres. Y por supuesto, al lado de cada rico y cada pobre, la imperiosa guadaña de la muerte.


Johann Peter Hebel nació en la ciudad de Basel y vivió en la ciudad en la que vivo hoy, karlsruhe. Me hubiera gustado traducir algunos de sus poemas que contienen un gran humor, pero existe una dificultad a la hora de la traducción: él escribía en dialécto alemán, muchos de sus versos de algunos de sus poemas los comprendo a medias, osea, si viviera aún Johann Peter Hebel le diría: Kannitverstan. Para los analistas la obra de este ilustre poeta es una de las más importantes en el campo de las lenguas germánicas: Alemannisch, alemánico.


Para prueba un botón: traduzco dos versos de su poema Der Storch, la cigüeña. Aquí van:


Willkumm, Heer Storch!Bisch au scho do,
un schmecksch im Waiher
(1) d'Frösche scho?


Bienvenido, señor cigueña! Ya estás también allí?

Y te gustan las ranas del estanque ya?


Ayer domingo 1 de agosto la ciudad de Karlsruhe realizó un homenaje en el centro de su plaza más conocida como Marktplatz o la Pirámide a la figura del poeta Johann Peter Hebel, desde entonces cuando recorro las calles de esta joven ciudad alemana presiento atravesar las esquinas que un día las dobló el escritor. Espero leer más sobre él, sus poemas son exquisitos, al menos los que ya he leído, y, sobre todo, espero ejercitarme en el alemannisch. Grüessech jcca



(1) del latino vivarium. El paréntesis y el número 1 son míos.

jueves, 15 de julio de 2010

POR FIN SE ACABÓ EL FÚTBOL ¡QUÉ VIVA EL FÚTBOL!: SOBRE UNA FIESTA ENTRE ÁRBOLES Y EL SOL GERMANOS


En la foto, la luz de la tarde tiende sus manos entre las hojas de los árboles y recuerda su reloj imaginario las horas entre las cabezas de los amigos dispuestos a respirar la caída del sol. Foto: literatambo.

"Tú eres tu propio refugio, que otro refugio puede abrir"

Buda

El sábado 10 de julio la selección de Alemania cerró con nota sobresaliente su presencia en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica, y lo hizo demostrando su enriquecimiento con figuras cuyos nombre repite ahora todo el mundo: khedira, Özil, Boateng y los conocidos Klose, Schweinsteiger, Podolski, etc. Al día siguiente, el domingo 11 de julio, fecha que quedará grabada en el libro de oro del balompié de la tierra de Sancho Panza, España se proclamó campeón del certamen. Los españoles no se cansaron de festejar esa noche y lo siguieron haciendo el día siguiente cuando la gente de Madrid se volcó a las calles para recibir a sus jugadores como a héroes. Pero a lo que iba era que el sábado por la tarde-noche, mientras Alemania jugaba contra Uruguay (otra gran selección liderada por Diego Forlán), un grupo de amigos nos reunimos en el noroeste de la ciudad de Karlsruhe para compartir felices la apoteosis y la belleza del verano, pero sobre todo, la felicidad de reconocer en el espejo de la vida que hay gente tan linda y exquisita en este planeta por la que sincesaremente vale la pena vivir. Algunos ya se fueron, nos llevan la delantera, pero la vida sigue siendo ese solplo de ilusión que lo he vuelto a respirar el sábado entre árboles y bajo un sol germano caliente caliente como el corazón de la gente que estuvo allí.


Volviendo al fútbol. Que no se admitan dudas, Alemania ha cambiado mucho en su forma de juego, y sobre todo insufla emoción: el fútbol tiene la magia de actuar como un brujo, provoca a la masa, la controla, la revuelca de euforia, derrota lo pusilámine, le somete un lavado gástrico de un par de horas, le inyecta una infusión que le provoca el coma durante 90 minutos, le hace olvidar sus pesares, el fútbol se convierte entonces como un antídoto contra todo lo malo y lo feo y se llega a convertir a veces como un cubo de azúcar que endulza a muchos la vida.


Las horas, las conversaciones, las miradas dispuestas a perdurar un encuentro hacen de una tarde de sábado de verano más atractiva a pesar del calor. Hay que darle a cada momento su peso específico. Foto Literatambo.

La primera vez que vi que le metieron un gol a Alemania fue en la final de Mundial de Fútbol de 1966. Se la encajó Inglaterra en Inglaterra. Pero el gol fue el más discutido de la historia del fútbol y fue ese mismo gol del que me hablaba tantas veces mi padre que fue el primero que me lo mostró en repetidas ocasiones en un documental. Ese gol se ha convertido en un mito, porque el mito nace de la sensibilidad colectiva, y sustituye al razonamiento racional (valga la redundancia). Por eso unos le llaman el gol fantasma, un gol que fue pero no fue. Es el gol que se seguirá discutiendo todavía durante un par de generaciones o más. De eso ya se encargaba mi padre con sus amigos delante de unos vasos con cerveza en las cantinas marineras del puerto del Callao. Él sigue siendo un gran futbolero: testigo de ese gol fantasma que le rompió las redes a los teutones en los Londres en los años 60 cuando entonces mi casa de Lima era la casa de un hombre que amaba los goles de Pelé, Garrincha, Cachito Ramírez, los saltos a la cancha del Sport Boys o el Universitario de Deportes.


Ahora mi padre desde Lima se ha desvivido por este equipo alemán de Löw que hizo diabluras en Sudáfrica. No lo puedo ver ahora, pero mientras pasaba el mundial me lo imaginaba en su butaca saltando como un leopardo a cada gol de Müller, de klose o a cada jugada de Özil o Podolski. Dicen que los que nacieron en una familia futbolera nunca dejan el fútbol: pero la verdad es que conmigo se equivocaron porque a mi el fútbol, a veces, me aburre, me aburría, hasta que llegó el bendito día en que un par de amiguetes me dijeron que vaya con ellos a ver los partidos del equipo alemán en Sudáfrica. Ellos se llevaron a otros amigos, y los amigos de mis amigos llevaban todos juntos las banderas de Alemania: tanto va el cantaro al agua que...en los primeros días del Mundial con mi hijo, que tiene tres años y es alemán, colgamos juntos una bandera en el balcón que da a la calle. Entonces me di cuenta que nuevamente empezaba a invadir mis venas esa fiebre que cuenta con cuatro esquinas, un balón, 22 jugadores, y dos arcos, que en alemán significan sencillamente „Tor“.


Cuando los amigos parten, dicen que los recuerdos se quedan rondando por los lugares que estuvieron. Los recuerdos a veces son como los espejos que producen tu imagen, te imitan y detrás se imita todo lo que viviste. Cada vez que sueño. sueño en los amigos que conocí. Si parten a otras latitudes hay que desearles todo lo mejor. Foto Literatambo.


Desde entonces me han venido a la cabeza los recuerdos de los días de mi infancia al lado de mi padre en la tribuna norte del Estadio Nacional de Lima viendo jugar al Universitario de Deportes contra el Alianza Lima. Por aquellas épocas el Perú ya había hecho historia en México 70 y sentido el poder del Gerd „torpedo“ Müller y la maestría de Franz Beckenbauer. A pesar de eso, no me inquietaba el fútbol, me daba igual ver un gol o un autogol hasta que vi una vez a Maradona, hasta que ahora, después de tantas lunas y tantos calendarios, vi al equipo alemán con su arquero Neuer, con su defensa Lahm, con su medio Khedira, con su volante Müller. Un equipo de polendas.


En los días del Mundial de Sudáfrica vino a mi casa Ulrike, una teutona a quien no le gusta el fútbol. Maldita sea la providencia de la pelota, me dijo. ¿Por qué el fútbol tiene el poder de abarcarlo todo?. Fue la pregunta que soltó a bocajarro. Ulrike, una mujer de Baden a quien, repito, no le gusta nada el fútbol , pero que –aquí lo dialéctico de la historia- gracias al equipo alemán que ha construido Low comenzó a ver los partidos de la „Mannschaft“, y se ha comenzado a hacer preguntas sobre el juego, ha aprendido que existen delanteros y defensas y que, sobre todo, en el césped juegan once contra once y que casi siempre ganan los alemanes.

Este equipo alemán seduce, decía, vuelve a seducir especialmente a todos los que alguna vez tuvimos nuestro corazoncito futbolero sobre la hamaca y los libros bien abiertos en la mesa de la terraza. Ahora no nos podemos poner a despotricar porque las lecturas de „Dietario voluble“ de Enrique Vila-Matas y las relecturas de „Auto de fe“ de Elias Canetti y „2666“ de Roberto Bolaño se retuvieron y se volvieron lentas, a pesar que la lectura para muchos siga siendo el oficio más placentero de la vida, lo mismo podría decir mirándome al espejo, sobre el fútbol. El buen fútbol que desplegó esta oncena teutona enriquecida con la inmigración ha despertado un respeto global, cuyos miembros dejan bien claro que jugar al fútbol significa ante todo un excelso oficio colectivo, que produce en muchos un estado de coma durante 90 minutos.

Si Alemania está satisfecha con el papel realizado por la Mannschaft no me vayas ya a decir lo que ha armado Uruguay. A pesar que perdieron ante Alemania mis amigos de Montevideo me dicen que las vuvuzelas charruas se siguieron vendiendo como pan caliente, así como las banderas del país para el gran recibimiento del equipo celeste. Todo esto lo produce el fútbol, ¡mama mía!. En Alemania era una pasada ver a tantos jóvenes saltando de alegría por las calles y chicos brincando con las banderas alemanas. El fútbol es capaz de producir un orgasmo colectivo, pero sobre todo hacer olvidar las penas un momento, porque de eso se trata, de pasarla bien, porque sea como sea el fútbol sólo es un juego, un acto de sanidad mental, higiene de las masas, un juego perverso, a veces, y, raro, otras. Un auténtico baño de masas que hace tiritar de emoción a la sensibilidad popular, pero lo popular también puede ser víctima de la manipulación, ya que fútbol y manipulación de masas en algunas geografías, a veces van de la mano y no nos damos cuenta: a veces se deja de lado los hechos más importantes que nos pasa o que pasa en la vida impidiendo tomar conciencia sobre los problemas sociales y políticos actuales.


Está bien fútbol pero no tanto. Se ha acabado el Mundial ¡Qué viva el fútbol!. Que todo sea en favor del sano narcisismo nacional en el mejor sentido de la palabra y sobre todo para no olvidar nunca que todo esto es un juego y hay que celebrarlo y repetir que el fútbol es un deporte que se juegan 11 contra 11 y al final „a veces“ ganan los alemanes.

lunes, 28 de junio de 2010

EL FÚTBOL ES UN JUEGO DE 11 CONTRA 11 DONDE SIEMPRE GANA MÜLLER

Arriba, portada del libro de Eduardo Galeano "El fútbol a sol y sombra". Editorial Siglo XXI. Abajo fotos de fanes de fútbol en el estadio Santiago Bernabeu en Madrid, y en el Inca Garcilazo de la ciudad del Cusco. Fotos de abajo: literatambo.


„Todo lo que he aprendido en la vida sobre ética y el deber del hombre se lo debo al fútbol“

Albert Camus




„Como todos los uruguayos, quise ser jugador de fútbol. Yo jugaba muy bien, era una maravilla, pero solo de noche, mientras dormía...“

Eduardo Galeano



Por Jose Carlos Contreras

Qué pena que el maestro y premio Nobel de Literatura José Saramago no vaya a ver el partido Portugal - España este martes. No sé si a Saramago le gustaba el fútbol, pero el día en que sus restos mortales fueron despedidos, Lisboa lucía llena de banderas portuguesas. Lo cuenta el escritor y periodista Juan Cruz, quien le preguntó al taxista que le hacía una carrera, el por qué del embanderamiento y éste le contestó: fútbol. A mí no me gusta el fútbol. Bueno, sólo a medias, a decir verdad, a cuartas. Pero siempre me ha fascinado su dimensión global, vital, integradora y la atracción -y a veces la higiene terapéutica- que produce este deporte entre la gente, y, sobre todo, las increíbles historias que se cuecen en torno a él, dignas de Bolaño o Nabokob.

De todas esas historias me acuerdo la de Jürgen Sparwasser, el hombre que metió el gol del triunfo de la Alemania Democrática contra la Alemania Federal en el Mundial de 1974, y tiempo despúes, ese mismo héroe de la ex DDR, se fugó de aquel muro que antes dividía la tierra de Bertolt Brecht en dos tajadas; o aquella otra historia digna del album de la estupidez: cuando dos naciones centroamericanas, Honduras y El Salvador, se enfrascaron en una guerra después de un partido entre sus respectivas selecciones en las eliminatorias para el Mundial de Fútbol de México 1970. A Albert Camus le encantaba el fútbol, hasta fue portero en el Racing Universitario de Argel y, Günter Grass, en un sabroso relato perteneciente a su libro "Mi siglo", escribe sobre la final de la Copa del Mundo de Berna en 1954 cuando Fritz Walter, el rey de Betzenberg, hizo campeona a Alemania, hecho que fue bautizado como el „milagro de Berna“.


Hay tantas historias y tantas anécdotas que ahora revolotean mi cabeza, las que a la vez me recuerdan que debo de terminar esta página ahora, sin dejar de mencionar que en latinoamérica no hay otros mejores que el argentino Roberto Fontanarrosa o el uruguayo Eduardo Galeano que escribieron o escriben sobre el deporte de los chimpunes (1). Asi que, como decía, el fútbol me gusta „a cuartas“, pero cuando he tenido la oportunidad de ir a un partido para romper la rutina y mezclarme entre las masas me he comprado mi jarra de cerveza, mi salchica y disfrutado de ese espectáculo en el estadio Garcilazo de la Vega de Cusco, o el Santiago Bernabeu, de Madrid, o el Wilparkstadion de Karlsruhe. Como verán, entre las salchichas alemanas y la paella española, prefiero las salchichas, ( a pesar que siempre recuerdo ese gesto hermoso de una familia malagueña, que me ofreció en el descanso de un partido entre Villarreal y el Málaga, una bocata) y eso es lo que hice ayer porque el buen tiempo arremetía los pulmones en Karlsruhe, la ciudad más caliente de Alemania (por eso es que vivo aquí) y nos fuimos a ver con otros amigos el choque histórico entre la Mannschaft (2) e Inglaterra en el Schlachthof.

Schlachthof significa matadero, lugar donde se beneficia a los animales, y que en estos días de fútbol es utilizado como escenario para el Public Viewing WM 2010 (emisiones de los partidos de Suráfrica ); decía que mientras estaba en este perímetro y oía la algarabía de las masas, me venían a la memoria las fotos de los estadios de fútbol que he visto de los espacios acondionados en Suráfrica para este mundial y que me jalan las orejas remarcando que el apartheid es un mal recuerdo que todavía golpea mi estómago, entonces observaba en mi memoria la foto del estadio de Ciudad del Cabo, a cuya izquierda se levanta Robben Island, la isla en donde fueron confinados miles de presos políticos durante el periodo de apartheid.


Me gusta poco mezclar fútbol con política, pero se dice que en esa cárcel habían dos libros de la biblioteca que los presos leían con insistencia: Das Kapital „El capital“ de Karl Marx y Soccer Refereeing „El arbitraje de fútbol“ de Dennis Howell (3). Pero a lo que iba, es que pocas veces resisto ver un partido completo por la tele, el fútbol muchas veces puede volverse un espectáculo tan aburrido como una tarde sin leer al Quijote, pero ayer domingo cuando vi trotar a esos jóvenes alemanes en la cancha frente a los ingleses, me pasó lo que le pasaría muchas veces a Albert Camus: te fascinas y el fútbol se puede convertir en arte, arte corporal y sobre todo en arte que enseña los valores del esfuerzo mancomunado y el sentimiento de pertenencia a un grupo, del querer ganar (y el saber perder) contra todo pronóstico sabiendo que el fútbol es un juego y punto. Alemania jugó con una destreza e inteligencia que me ha alegrado la tarde.


Mientras veía la tele del Schlachthof mi hijo dormía en mis brazos, y se sobresaltaba cada vez que la Mannschaft hacía goles porque retumbaban los gritos y sonidos de algarabía de la gente; para al cuarto gol ya estaba despierto y correteando detrás de una pelota con otros niños, mientras la gente celebraba, y yo me reía entre dientes (que me perdonen mis amigos ingleses) por esa justicia histórica de un gol que arrebató la copa a Alemania en 1966. Con gol fantasma o sin gol fantasma veía a mi hijo jugar con los niños a la pelota entre gritos, saltos y vuvuzelas, y recordaba que los chicos que juegan en el equipo alemán son jugadores jóvenes: Özil (21 años), Boateng (22), Khedira (23), Gómez (24), Marin (21), Badstuber (21), el arquero Neuer (24) y sobre todo ese potrillo veloz de apellido Müller de 20 años: los culpables que el fútbol haya levantado nuevamente mi curiosidad.


Ya saben que el fútbol me gusta „a cuartas“, y que muchas veces, cuando me decido a verlo, me aburro, me duermo pensando en el último verso de García Lorca que leí, pero este sábado, cuando las trompetas de Jericó marquen las cuatro en punto de la tarde, hora de Europa, no me perderé el Alemania –Argentina. Estaré plantado frente a la caja boba, con mi jarra de cerveza, mi salchicha alemana y mi hijo durmiendo en mis brazos. Que Dios reparta suerte.



(1) peruanismo que significa zapatos deportivos.


(2) Mannschaft significa equipo, en lo deportivo, grupo de personas que trabajan para un fin.

(3) leer More Than Just a game (M´s que un juego) de Chuck Korr y Marvin Close.

domingo, 6 de junio de 2010

LOS 90 AÑOS DE MARCEL REICH-RANICKi Y EL LIBRO "CREMATORIO" DE RAFAEL CHIRBES



A la izquierda, la portada del último libro traducido al alemán del escritor español Rafael Chirbes, que ha sido abordado esta semana por el influyente diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. Al lado, portada del libro "Mein Leben" (Mi vida), que recoge la biografía del gurú de la crítica literaria alemana, Marcel Reich-Ranicki, que acaba de cumplir los 90 años de edad, y que sigue en la brega.



„Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres“


Jorge Luis Borges


"La memoria sólo intenta salvar el pasado para servir al presente y al futuro.

Esforcémonos en que la memoria colectiva sirva para la liberación y no para la esclavitud de los hombres“

Jacques Le Goff



Por Jose Contreras Azaña


¿Qué tienen en común Marcel Reich-Ranicki y Rafael Chirbes?, pues que ambos han sido noticia en el influyente diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung. Reich-Ranicki sigue siendo el gurú de la crítica, en ese sentido se han escrito sendas páginas por sus 90 cumpleaños, y, por supuesto, por su incansable trabajo literario al frente de este periódico; por otro lado, a Rafael Chirbes, el escritor español cuyo reconocimiento es notable en los círculos literarios alemanes, y que - sin duda alguna- es uno de los mejores escritores en lengua española, se le ha dedicado un reportaje sobre su última novela traducida al alemán „Crematorio“.


Por Reich-Ranicki sería capaz de hacer volar las campanas al cielo. Es un tipo genial que no tiene pelos en la lengua y sus críticas literarias pueden a veces despertar cierta antipatía, pero los fundamentos que utiliza para hacerlo es el espejo de los ingentes libros que ha leído en su vida. Cuando hacía el programa televisivo sobre literatura „Das literarische Quartett“, Reich-Ranicki abordó algunos libros de Chirbes, a los que calificó de extraordinarios. Y eso que los había leído traducidos al alemán, porque leer a Chirbes en castellano, es un ejercicio de excelsa belleza y pujante trabajo.

A Reich-Ranicki le rinden un homenaje hoy domingo 6 de junio de 2010 en el Paulus Kirche de Frankfurt. Este crítico literario sufrió en carne propia el horror nazi por su origen judío, y sobrevivió al gheto de Varsovia. Mucho antes, cuentan sus biógrafos, Reich-Ranicki, sacó como nota „gut“ (bien) en la asignatura „alemán“, cuando terminaba la secundaria. En estos días sus detractores siguen diciendo que se ha imflado o sobrevalorado su calidad de crítico literario, pero sea como sea, Reich-Ranicki, que ha leído tantos libros como pocos en Alemania y sobre todo los has desmenuzado y comprendido, es capaz, con sus juicios, de elevar a las estrellas el libro de un autor o enviarlo a las catacumbas, porque este hombre de 90 calendarios (los cumplió el miércoles 2 de junio) sigue siendo el gurú de la literatura a pesar que a muchos no les caiga bien. A mí este caballero me cae estupendamente, mucho más, desde que le pusiera en su sitio a la imbecilidad de la programación de la televisión en general (destacando algunas cosas de la tele) durante un acto de premiación de la TV alemana en 2008, premio que no aceptó. El infatigable Marcel Reich–Ranicki practica la crítica con mucho fundamento, temperamento y profundidad. Y sobre todo tiene un gran amor por la literatura alemana y un gran respeto a los clásicos como Goethe, Schiller, Kleist o Torquato Tasso.


Por otro lado, a Chirbes lo que es de Chirbes. La literatura chirbeana tiene muchos kilates. Y cuidado, si usted, estimado lector, nunca lo ha leído, le aconsejaría comenzar con uno de sus libros, que no es el primero: „La buena letra“, por la que me saco el sombrero. Rafael Chirbes viene narrando como ningún otro autor de la tierra de don Quijote el fenómeno del olvido español en la que cayeron las generaciones posfranquistas. Chirbes, aparte de tener una escritura que atrapa como una telaraña (en alemán también) me hace recordar a un topo porque sigue metiendo la nariz en el subsuelo de la historia española que se pretende olvidar y enterrar, y antepone a las nuevas generaciones el uso obligatorio del „purgante de la memoria“. Pero ojo, mucho ojito, Chirbes le revivirá a muchos autores por su extraordinaria manera de escribir y sobre todo por su trascendencia histórica (1).


Para terminar les cuento una hermosa anécdota, que relata esta semana Volker Weidermann en el Frankfurter Allgemeine Zeitung sobre Reich-Ranicki (aparte de una lección extraordinaria sobre Friedrich Schlegel que dio en el aula de la universidad de Heidelberg ante más de mil alumnos). Sucede que en 2002 a Reich-Ranicki se le esperaba para condecorarlo con el Premio Goethe en Frankfurt. Delante del local donde se realizaría la ceremonia se apostaban un inmenso número de estudiantes que protestaban con pifias y gritos en contra de la recortes presupuestarios que iban a sufrir las universidades, ya que en la ceremonia se encontraban muchos políticos. Entonces se estacionó un coche frente al local y de él descendió Marcel Reich-Ranicki. En ese momento los alumnos se quedaron callados, en silencio, lo reconocieron y empezaron a aplaudir, luego aplaudieron más fuerte, y más fuerte y más fuertísimo y mucho más, mientras él alzaba la manos en agradecimiento (2).


Eso es Marcel Reich-Ranicki, capaz de haber sido uno de los primeros en lengua alemana de haber sopesado la importancia de la obra de Chirbes. Chirbes tiene 61 años, Reich-Ranicki 90. ¡Larga y saludable vida para ambos!.




(1) Frankfurter Allgemeine Zeitung. 30.05.2010. Paul Ingendaay conversa con Rafael Chirbes. Dreißig Millionen Russen am Strand

(2) Frankfurter Allgemeine Zeitung. Volker Weidermann. 03.06.2010.

Das große Glück, dass es ihn gibt


Frankfurter Allgemeine Zeitung. Frank Schirrmacher. Junio 2010.

Ich war eine ungewöhnliche, keine alltägliche Figur


Frankfurter Allgemeine Zeitung / 06 junio 2010. Discurso del moderador de televisión Thomas Gottschalk en homenaje a Reich-Ranicki

Diese funkensprühende Begeisterung für Literatur

martes, 1 de junio de 2010

HENNING MANKELL: EL MARINERO INQUIETO


Henning Mankell no sólo es autor de novelas policiacas, sino de obras de teatro y de literatura infantil. Arriba la portada de uno de sus libros para niños.


„Sólo el hombre nace con llanto“


Plinio


„Quienes son capaces de renunciar a la libertad esencial a cambio de una pequeña seguridad transitoria, no son merecedores ni de la libertad ni de la seguridad“


Benjamin Franklin



En Gaza „donde se pone el dedo, salta la pus“ (1). El conflicto palestino – israelí es un asunto no poco complicado, pero sencillísimo de resolver: paz y solidaridad. Algunos me tomarán de imbécil, pero los imbéciles también pueden como las mariposas monarcas viajar kilómetros para dejar vida en otras latitudes. Así que el asunto se resuelve así de simple: paz, libertad y solidaridad. Este último sustantivo ha sido utilizado fuertemente en los últimos tiempos por el escritor sueco Hemming Mankell, el padre de ese personaje controvertido que es el inspector Kurt Wallander. Mankell, en estos momentos en que escribo, está detenido en Israel luego que intentó ingresar a bordo de una caravana de barcos con ayuda humanitaria a suelo palestino como las mariposas monarcas que llevan vida a otras latitudes (2). Mankell escribe en su página de internet en la editorial alemana DTV (3) que la palabra solidaridad no solo significa una palabra sino una acción (4). ¿A cuántos escritores les habrá remecido la conciencia haber leído esto? y ¿a cuántos les entra la puñetera gana de expresarse sobre la situación en esta zona del mundo?.


Mankell es un autor de culto en Alemania, y en muchas partes del planeta. En la tierra del poeta Hörderlin (Hörderlin es para mí la expresión más excelsa del humanismo) me he encontrado con gente fascinante fascinada hablando con fascinación sobre el fascinante mundo del fascinante policía Kurt Wallander, el personaje principal de las novelas policiacas de Mankell.


No soy un lector proclive a las novelas que hablan de asesinatos y psicópatas a diestra y siniestra, pero me mola la forma en que los autores de historias policiacas arman su trama y sus personajes. En este tema Mannkel es un genio. Su personaje Wallander es introvertido, solitario, con inclinaciones al alcohol, y con problemas de diabetes y de peso. Wallander no es el típico héroe de las novelas sino un personaje normal cuyos pensamientos moralistas sorpreden. Además es padre de Linda Wallander, que va creciendo y que le hace abuelo en su última novela „El hombre inquieto“. En este libro, que es la útlima intervención de Wallander en la literatura de Mankell, el suegro de su hija Linda es un viejo lobo de mar que estuvo abordo de submarinos. Un día desaparece en el bosque, entonces Wallander, a pesar de estar inactivo se entromete en el asunto junto a la polícía de Estocolomo para desenredar el acertijo que le lleva a descubrir que en el asesinato del suegro está involucrado un grupo activista con posiciones de derecha de la marina.


„los submarinos representan un mundo totalmente desconocido para mí y dicho sea de paso aterrador.“ Se lee en una de las páginas de „El hombre inquieto“.


Ahora que Mannkel se haya en esa engorrosa situación en Israel no dejo de pensar en su personaje. Condeno la violencia venga de donde venga, y admiro a las gentes que por sobre todas las cosas rinde pleitesía el sustantivo „solidaridad“. En esto tiene mucho para enseñarnos el padre del inspector Kurt Wallander.



(1) Esta frase pertenece al pensador peruano Manuel Gonzáles Prada (1844 - 1918).


(2) Israel attacks Gaza flotilla - live coverage World news ...


Angriff auf Hilfsflotte: Mankell weiter in Gewalt der Israelis

(3) http://www.mankell.de


(4) Henning Mankell beteiligt sich an “Ship to Gaza”-Aktion mehr