lunes, 7 de mayo de 2007

ROBERTO BOLAñO, LA ALEMANA Y LOS CHILENOS


Una de las experiencias más fantásticas que he experimentado de la literatura castellana en mi vida de lector, ha sido leer algunos capítulos, del cada día más asombroso, El Quijote de la Mancha; la admirable obra Cien años de Soledad y el genial libro de cuentos Ficciones, entre otros -menos o más- porque la lista de libros puede ser larga o breve, de acuerdo como se le mire. Sin embargo, el descubrimiento más fascinante que he experimentado en mi vida de lector ha sido el advenimiento a mis ojos de los párrafos del escritor chileno Roberto Bolaño. Creo, sin lugar a dudas, uno de los grandes entre los grandes de la literatura en castellano. Además el tiempo y la historia, estoy convencido como un imprudente pitoniso, lo elevará más aún a las alturas siderales de la lengua y literatura castellanas. Recuerdo muy bien aquella tarde que llegaron a mis ojos sus escritos. Era el verano de 1999. La señora Prinz, quien había viajado a Madrid me trajo el libro "Los detectives salvajes". Desde entonces he compartido esa experiencia con amigos amantes de la buena literatura y con estudiantes de español en Alemania. Una de las anécdotas que más me llaman la atención fue que un día se me acercó una de mis alumnas de castellano para decirme que se había enamorado locamente. Recibí la noticia con normalidad, a pesar que sus ojos expelían esos destellos extraños que brotan de los ojos amantes, entonces me percaté que el asunto era más gordo. El culpable de ese amor lunático era nada más y nada menos que Roberto Bolaño, y yo, su padrino, su alcahuete, porque acostumbraba a hablar, a diestra y siniestra ,del talento literario de este chileno inmortal. La alumna me contaba que leía a Bolaño ensimismadamente todas las noches antes de acostarse. Y que hasta soñaba con él. Más no sé. O mejor dicho, por respeto a la privacidad no debo ni me apetece contarlo. Lo cierto es que en aquel entonces Roberto Bolaño vivía y nunca se me había pasado por la cabeza escribir a Bolaño y contarle que una alemana estaba locamente enamorada de él y de su literatura. Lo más impresionante para mí era poder entender cómo una mujer de habla alemana podía internarse con fascinación y profundidad en la vorágine de las palabras en español y más aún, comprender desde su situación de alemana, los difíciles contextos semióticos del mundo literario de Bolaño. Al poco tiempo murió el escritor y supimos más de él y de su vida. Cada vez que iba a España, durante mis esporádicas y cortas vacaciones en medio del semestre académico alemán, compraba un libro de él. Algunos he leído con placidez en las calles de Barcelona en medio del ruido y del hermoso caos que acicala sus esquinas o, en los bares del barrio Rabal. A veces he pasado tardes enteras debajo de un árbol o frente al mar hojeando sus libros y pensando en esa alemana enamorada. Hasta aquí la historia de la alemana y aquí empiezo la historia de los chilenos.


LOS CHILENOS QUE NO LEEN A BOLAñO


En Latinoamérica se tiene la horrible costumbre de no honrar a sus valores. Además, que se lee, pero poco, o casi nada, se es injusto con los escritores. Chile no es la excepción. Después de una etapa dictatorial que lavó el cerebro a varias generaciones de ese país sudamericano, me causa espanto saber que muchos chilenos ( o la mayoría ) no saben quién es Robero Bolaño. En Alemania me he encontrado con estudiantes de las más prestigiosas universidades de Santiago y al preguntarles si habían leído alguna vez a Roberto Bolaño, he visto sus ojos moverse dentro de un mar de dudas o simplemente encogerse de hombros, porque sencillamente ignoran quién es. Me he encontrado en España con otros chilenos, que tampoco lo conocían y otros chilenos en Perú. Alemania, Francia, Suiza, Austria, Portugal, a quienes el nombre de Bolaño no les sonaba. Casi es una vergüenza decirlo, pero los chilenos no lo conocen, no lo leen. Empero sus libros estaban en las librerías desde hace más de un lustro. De eso tengo constancia porque la señora Weick me envió, gracias a la gentileza de la señora Richter, el libro "Nocturno de Chile". Es triste constatar que un país como Chile no valore a uno de sus más conspicuos hijos. No quiero mencionar en esta reseña el caso de las élites literarias de ese país con respecto a la figura de Bolaño. Eso será parte de otro trabajo. Bolaño ya ha muerto y se murió rápido, osea joven. Quizás parte de esa ignorancia de la gente de su país es porque Bolaño arremetió con la velocidad de un rayo en poco años el mundo editorial con su literatuta de polendas. O quizás sus puntos de vista políticos o tal vez ciertas estructuras académicas arraigadas en Chile han impedido su conocimiento. Espero seguir investigando y más aún, preguntando. A cada chileno que se aparezca frente a mí, le haré la misma pregunta que estuve haciendo desde hace ya buen tiempo y recibiendo, como siempre, la misma respuesta, y ojo, que estoy hablando de académicos. Quizás Bolaño es leído en otras esferas sociales, no lo sé. Espero que esto haya cambiado o que cambie pronto. La buena literatura a veces se mueve a la velocidad contraria de la mala literatura. Pero, en fin ¿qué es buena y qué es mala?. Y te pregunto a ti "hipócrita lector" que me lees, ¿leíste a Roberto Bolaño?.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola... sólo quiero decir que conocí a Bolaño(me refiero a su obra) el año pasado cuando en Barcelona se realizó una obra de teatro basada en un libro llamado 2666. Me llamó la atención la magnitud de tiempo que duraba la obra(6 horas), entonces investigué un poco la noticia y descubrí que el escritor del libro 2666 era un Chileno llamado Roberto bolaño.. desde ese momento Bolaño tomó un lugar preferencial en mi pequeña biblioteca.
Yo soy Chileno, pero esto da lo mismo, porque como diria Bolaño "Mi patria es mi lengua y la gente que quiero".
Quien aún no lee a Bolaño, me gustaria decirle que no solo es necesario leerlo, sino que tambien es urgente.