martes, 13 de enero de 2026

EL VÍDEO DE LA CONFERENCIA DE PRENSA EN BARCELONA DEL ESCRITOR PERUANO JOSE CARLOS CONTRERAS AZAÑA


EL VÍDEO DE LA CONFERENCIA DE PRENSA EN BARCELONA DEL ESCRITOR PERUANO JOSE CARLOS CONTRERAS AZAÑA 

"Todo libro también es la suma
 de los malentendidos
a los que da ocasión"
George Bataille
 
EL SECRETO DE LOS LIBROS FELICES

Recuerdo haber estado en innumerables conferencias de prensa. Rememoro aquella, cuando hacía mis primeros pinitos de periodista, donde Mario Vargas Llosa perdió las elecciones presidenciales y logré ver a un hombre apesadumbrado, dolido, sorprendido. Nunca me olvidaré de su mirada más triste que el cielo de Lima.
 
Otra conferencia de prensa que vi por la televisión fue cuando voló un zapato y un presidente logró esquivarlo. Por lo tanto, las conferencias de prensa para mí siempre son equivalentes a sorpresa, y, hasta de golpes, como aquella que protagonizaron los boxeadores Mike Tyson y Lennox Lewis.
 
Pero esta vez estaba en Barcelona para dar una conferencia de prensa sobre mis libros: tratando de sonreír, algo nervioso, con temor a que volara un zapato de sur a norte o que alguien me lanzara un gancho al mentón sobre el cuadrilatero barcelonés con sus preguntas.
 
La conferencia fue placentera. Tan igual como si me hubiera embarcado en el muelle número siete del puerto de Barcelona sobre un velero, color agua, viento en popa acompañado por periodistas y comunicadores dispuestos a llegar a la Itaca de las interpelaciones. Por supuesto que hablamos de todos mis libros. Me interrogaron. Me lanzaron sus curiosidades. Vinieron las repreguntas y sobre todo aquellas preguntas que no se preguntan y que son las mejores, pero que se hacen cuando acaba la conferencia.
 
Luego firmé libros, leí algo de mis textos, recuerdo (si no fue así, menos mal que existe un vídeo de la conferencia, editada) alguien lanzó una pregunta que me llamó la atención entre todas. Fue hecha por un comunicador o un lector que llegó casi en el colofón de la conferencia. Me preguntó sobre Alemania y las costumbres de los alemanes: por respeto a mis libros, tuve que esquivarme de la pregunta, igual que un torero lanza una chicuelina a su quinto toro (menos mal que Barcelona no hay plaza de toros). Me hubiera gustado contestarle hablando por lo menos 30 minutos de lo maravilloso que son las alemanas y los alemanes, el mundo entero, a los que he llegado a conocer a través de sus puertos en mi otra vida cuando era marinero y descubría, a golpe de lectura, en los camarotes del barco, el secreto de los libros felices y me enredaba en ese mejunje de anclas y bitácoras.
 

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