BONA NIT BARCELONA
“En fin, por caminos desusados,
por atajos y sendas encubiertas,
partieron Roque, don Quijote y
Sancho con otros seis escuderos
a Barcelona"
El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
Miguel de Cervantes
Barcelona es reconocida como la ciudad de la literatura (lo dice la UNESCO), punto neurálgico para la edición en castellano y catalán, que, además, es sede de un gigante número de grupos editoriales. Por lo tanto, capital del mundo editorial en español. En esta ciudad se han ambientado obras como La catedral del mar, La ciudad de los prodigios, Historia abreviada de la literatura portátil, Últimas tardes con Teresa, La sombra del viento y El Quijote.
Sobre esta ciudad abrí mis alas en el momento de aterrizar, dejándome acariciar por el viento del Mar Mediterráneo, hasta posar mi sombra sobre sus calles, como tal vez lo hicera ese maravilloso personaje: "Sucedió, pues, que, yendo por una calle, alzó los ojos don Quijote y vio escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: Aquí se imprimen libros".
Esa tarde-noche, cuando entré al auditorio de la Federación de Entidades Latinoamericanas de Catalunya para presentar mi libro, contemplé un lleno total. Existe un vídeo editado sobre esta noche de la presentación (que espero que se pueda ver en este post, también), donde, luego de haber vivido los primeros instantes de esta velada literaria, me di cuenta, sin duda alguna, que el epicentro de la felicidad en Barcelona estaba en este evento, lo que reafirmaba de Barcelona su peso histórico, donde conviven diversidad lingüística, innovación y tradición, donde el valor de leer, escuchar historias y de crear tiene como escenario de fondo a Barcelona y a su hermosa gente.
El recinto del acontecimiento se levantaba a pocos metros de la Rambla de Barcelona, de las que el poeta Federico García Lorca había dicho que era "la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca", una frase famosa que captura la esencia pasional y multifacética de este paseo barcelonés. Allí me encontraba hablando y leyendo mis libros, allí nos encontrábamos auscultado la nocturnidad bajo la luna, y no quería que la noche acabara nunca.
Me presentó Javier Bonomi, presidente de Fedelatina y luego tomó la palabra Marianela Peña Lora, la ejecutiva de proyectos de la institución catalana. Más tarde, luego de que unos ángeles, dirigidos por la coreógrafa Lucía Alcalá, vestidos de colores abrieran la velada con bailes típicos de los Andes, agarré el micrófono y no lo solté hasta hablar de mis libros "300 Wörter 300", "Danke Karl Drais" y mi trilogía de las "Sonrisas" “La sonrisa del Ornitorrinco”, “La sonrisa del Elefante Marino” y “La sonrisa del Cuy”; "Las Anatomías del Agua" y "La Anatomía de los Algortimos".
Y la noche plasmó todos los sueños- noche que provocó la excelsitud de la vida y convirtió en sublime todas las miradas y sonidos de voces de las personas que se acercaron a la mesa para que les firmara un libro.
Esa noche rendí homenaje a Hugo Sotil, el primer latinoamericano que jugó con la camiseta número 10 del Club de Fútbol Barcelona; discutimos, además, sobre la posibilidad de que en el futuro los nevados del mundo desaparezcan y las guerras sean por el agua, y conversamos sobre el peligro de los algoritmos y la IA, a que evolucionen en contra de los humanos y les arranque de sus vidas los puestos de trabajo en el futuro.
Entre todas las preguntas del público hay una que me dejó pensando: alguien me recordó que yo era un poeta sin libro de poesía publicado. Y eso es verdad. Nunca lo había meditado. Le tengo tanto respeto a la poesía.
El poeta Antonio Gala decía que de las cosas que podríamos haberlo dicho en su momento y no lo dijimos, de esas cosas nos iríamos a arrepentir en el futuro, por eso lo cuento: alguien me miró a los ojos y me dijo que se había enamorado ... de la noche. Creo que esa persona, de ojo zahorí, había leído en mi mirada que me había vuelto a enamorar de Barcelona. De su gente, de sus libros, de sus calles, de su ruido, de su historia, de sus playas, de su sol y de su eterno silencio cuando los poetas caminan en sosiego durante la madrugada soñando robarse alguna "carrer" o bajarse en la estación de los amantes clandestinos para decirle con una sonrisa en el rostro "Bona nit".
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