sábado, 29 de marzo de 2008

EDUARDO MENDOZA, FERNANDO SAVATER, SCHALKE 04 Y EL ALIANZA LIMA

Arriba, portada del último libro de Eduardo Mendoza, "El asombroso viaje de Pomponio Flato". Editorial Seix Barral www.seix-barral.es

Estaba leyendo la conversación entre Eduardo Mendoza y Fernando Savater publicada en Babelia, instalado comodamente en el restaurante de la Estación de Trenes de Karlsruhe, tomando un spezi, cuando de pronto los gritos de ¡Schaaaaalllllke, Schaaaaallllllke! interrumpieron mi lectura. Toda la gente del local giró la cabeza para observar detrás de las puertas de cristal la procedencia del griterío. Entonces, como un acto reflexivo, observé a Arthur. A pesar del bullicio, él seguía placenteramente en los brazos de Morfeo. Afuera, los fanes del Schalke 04 vitoreaban ¡Schaaaaalllllllke ,Schaaaaaallllke! Hoy el Schalke ( 1) se ha enfrentado al equipo de nuestra ciudad, el Karlsruher Sport Club KSC ( 2), en el marco de la fecha 26 de la Bundesliga. El marcador: huevo a huevo, léase, cero a cero.

Una bonita tarde de fútbol eran aquellas tardes en que mi padre me llevaba al Estadio Nacional de Lima a ver jugar al Universitario de Deportes ( 3). Antes pasábamos por la dulcería El Chalaquito, que estaba ubicada entre José Díaz y la Plaza Manco Cápac, para comernos unos arroces zambitos y unas mazamorras moradas que endulzaban los goles de los merengues. No eran tiempos de barras bravas ni de contratos millonarios. El fútbol se jugaba por amor a la camiseta y no había discusiones que huelen a mohatra sobre si se puede jugar en La Paz o Santa Fe de Bogotá. Hasta que llegó Maradona, que es argentino como Jorge Luis Borges, y descubrí que el fútbol era cosa de los Dioses.

Borges detestaba el fútbol, pero Fontanarrosa lo encumbraba. El uruguayo Galeano me ha dejado con la boca abierta leyendo uno de sus relatos sobre el arquero paraguayo José Luis Chilavert cuando hizo un gol de portería a portería: dice que la pelota se elevó tanto tanto, hasta llegar a un cielo colmado de ángeles, y mató a uno de ellos y cayó ensangrentada. Gol.

Con mis alumnos hemos leído las páginas de Günter Grass de su libro Mi Siglo sobre el día en que el alemán Jürgen Sparwasser metió un gol a los alemanes. Un alemán metiendo un gol a los alemanes, qué gracioso. Un gol tan paradójico en tiempos en que el Muro de Berlín dividía a los teutones de este a oeste. El fútbol debe tener algo de magia, aunque a veces esté llena de trampantojo, porque me ha conminado a meterme a la Rosaleda, en Málaga, para ver al argentino Riquelme, o, al estadio de Kalsruhe para ver atajar al más grande portero de la historia de Alemania, Oliver Kahn, que nació aquí y que este año se despide de los arcos.

Pero a pesar de todo, el fútbol es un fenómeno social. Aquí hay un libro que está llamando la atención a las mujeres, porque aborda el tema de los efectos que produce el fútbol sobre la masa masculina. Secretos de machos analizados con ojo de buen cubero por las alemanas. Martina, una amiga hincha del KSC, que viaja por toda Alemania con su novio y su club lo debe saber más que nadie.

En Perú se han publicado poemas al Alianza Lima, y, en España, seguro que los goles de Di Stefano ha inspirado a más de un poeta. A Maradona le cantan Manu Chao y Calamaro. A Pelé, no sé. Mi padre es hincha de Pelé. Yo no. Prefiero la poesía pelotera y la pasión eléctrica de Diego Armando a la frialdad del brasileño del Santos.

Arriba: foto histórica, en un día aciago. Iquitos, Perú: el plantel del Alianza Lima horas antes de morir en las aguas del Océano Pacífico. Fuente fotográfica: Agenciaperu.com.

Perdonen, pero a veces el fútbol me hace escribir tantas paparruchadas. Hoy, en España, juega el Villarreal (4 ) contra el Atlético de Madrid (5 ), tercero y cuarto de la Primera División. Además el Betis ( 6) contra el Barcelona (7). En Perú, no lo sé. Tenemos una liga cabizbaja. Creo que nuestros futbolistas ya no son como los de antes, o nuestros dirigentes ya no son como antaño. Tiempos de crisis. Tiempos de presupuestos flacos. Tiempos de juergas (8 ). Pareciera que esa fatídica tarde del 8 de diciembre 1987 en que Pocho Rospigliosi anunció a través de Ovación de radio El Sol que el avión fokker F-27 que traía al equipo del Alianza Lima (9) desde Pucallpa de vuelta a Lima había desaparecido, se jodió el fútbol por completo en el Perú.

Ahora voy a seguir leyendo la reivindicación del humor que hacen Eduardo Mendoza y Fernando Savater ( 10) a propósito de la publicación del primero de "El asombroso viaje de Pomponio Flato", que si va como "Sin noticias de Gurb", amenazo que me lo compro.


miércoles, 19 de marzo de 2008

DE PELÍCULAS Y POETAS QUE AMARON HEIDELBERG

A la derecha, el libro Kirschblüten de Doris Dörrie.
Fuente fotográfica: Diogenes Verlag.


Desde anteayer empezaron mis vacaciones de Semana Santa, y hoy me he levantado con ganas de reir. Parecerá raro, pero a veces en Alemania para reir -ojo, a veces- o tengo que buscar un vídeo de Charles Chaplin o leer el Quijote. Así que me he puesto a releer el cuento La muerte más bella del 68 de Alfredo Bryce Echenique, que forma parte de su libro Guia Triste de París. Punto de Lectura www.puntodelectura.com


Hace casi 40 años que sucedió la llamada revolución de París. En el referido cuento, Bryce nos describe un poquito ese ambiente. Causa risa que el personaje principal recorre la capital de Francia para poder hablar con alguien sobre la película Bésame, idiota que acababa de ver y termina más solo que un gusano en un plato de tallarines en un París del 68 en la que ver filmes estadounidenses era politicamente incorrecto. No sé si ahora también, pero cada vez que estoy en Estrasburgo la cartelera de los cines está copada por películas francófanas. Esas son buenas artes para proteger el idioma.


En el cine elefante de Karlsruhe, el Filmpalast www.filmpalast.net , que está a unos metros de mi casa, la cosa es diferente: la cartelera está copada por películas americanas. La mayoría malísimas, de esas que impone el mercado estadounidense como cuotas a los cinemas de cualquier parte del mundo.


Pero yo visito normalmente el cine Schauburg www.schauburg.de . En las dos últimas semanas he visto algunas películas que me han agradado un montón. Entre ellas Kirschblüten – Hanami (1) de la directora alemana nacida en Hannover, Doris Dörrie, que es un poema al amor después de la muerte. Una justificación al pensamiento de „nunca es tarde para realizar un sueño o para iniciar una nueva vida“.


La historia es así más o menos: a un hombre se le muere la mujer que había dado la vida por sus hijos. Pero éstos ya son mayores y viven con su problemas cotidianos. Èl descubre que ella siempre tuvo sueños que no los llegó a hacer realidad. Como por ejemplo viajar a Tokio y bailar una danza nipona. Ambos tienen un hijo que vive en Japón. Ya muerta su mujer, él decide ir a hacer lo que su mujer soñaba en vida , como por ejemplo bailar esa danza nipona frente al monte Fuji, entonces se viste con la ropa japonesa con la que su mujer en su casa de Bavaria bailaba imaginándose estar frente al majestuoso monte. La historia pertenece al libro Kirschblüten – Hanami. Editorial Diógenes. www.diogenes.ch


Las otras películas que he visto son: Once. Romática y buena música (2), Unsere Erde (Nuestro planeta) Muy ecológica y fotos preciosímas Unsere Erde ; I`m Not There, sobre la vida de Bob Dylan, recomendable I'm Not There ; No es país para viejos, con un psicópata bien representado por Javier Bardem y no recomendada para estómagos débiles, No Country for Old Men (3); die Band von nebenan, película israelí, tierna y en contra de los estereotipos (4) ; Leergut, película checa con sopapos cubiertos al sistema capitalista (5); Märzmelodie, comedia alemana para pasar el tiempo (6) ; Dracheläufer, buena película pero no entendí lo que querían decir sobre los talibanes (7). Para terminar, no he ido a ver la película "El amor en los tiempos del cólera". La gente que la vio ha quedado decepcionada. Mejor me quedo con el libro.


Bueno, el día pasa, mañana iré otra vez al cine y por Semana Santa marchamos a casa de una amiga. La casa está en lo alto de una colina, desde cuya sala podré ver la llegada de la primavera acicalando un viejo castillo rodeado de viñedos. El pueblo se llama Schriesheim. No está muy lejos de Heidelberg, donde está la universidad más antigua de Alemania. Hacer senderismo por los montes cerca del río Neckar que tanto amaron los poetas Friedrich Hörderlin, Ludwid Achim von Armin, Clemens Brentano, Joseph von Eichendorff, el gran Goethe, Kurt Tucholsky, Joseph Victor von Scheffel, entre otros, es un acto mágico. Ya les contaré más. Espero no olvidarme.


lunes, 17 de marzo de 2008

QUIPU 1 / CUENTO GANADOR MARZO 2008

Hoy presentamos el primer cuento ganador del Proyecto QUIPU. Proyecto que nació bajo la iniciativa de uno, Gustavo Faverón, y, de todos (1). Hablar en grupo es más hermoso. QUIPU ha seguido recibiendo en las últimas semanas parabienes y adhesiones de gente de la blogósfera latinoamericana, desde Santiago de Chile hasta Alemania, desde Lima hasta Minneapolis.
Se recibieron sesenta trabajos de jóvenes autores (no todos llegaron a ser revisados, muchos de ellos se juntarán con otros cincuenta textos llegados en los últimos quince días). Los jurados encargados de esta primera selección fueron Javier Gárvich y Ernesto Carlín, quienes eligieron de común acuerdo los dos cuentos enviados por Julio Meza, subrayando sobre todo uno de ellos, "El árbol".
Julio Meza (Lima) tiene veintisiete años, es abogado graduado en la PUCP que ahora se a estudiar literatura en esa misma universidad. Ha publicado un libro de cuentos, Tres giros Mortales, en la editorial Casatomada que dirige Gabriel Rimachi. Administra un blog de crítica de rock llamado Atrapa la Luz
( www.atrapalaluz.blogspot.com ). Se seguirán publicando más poemas y relatos en Quipu . Así que sigan enviando sus trabajos a la dirección: gfaveron@gmail.com

(1) Kolumna Okupa, de Rocío Silva Santisteban; Borrones y Otros, de Vanessa Soldevilla; Club de Artes y Letras, de Laura García; Moleskine Literario, de Iván Thays, Libros, de Javier Ágreda, Lado B, de Juan Carlos Bondy, Haltestelle Iberoamerika, de Aune Hartmann, Ute Petsch, Maja Schweiger et al., Literatambo, de José Carlos Contreras, Gran Combo Club, de Silvio Rendón, Daniel Salas et al., El Lápiz y el Martillo, de Javier Garvich, Letra Capital, de Carlos Sotomayor, La Peña Lingüística, de Miguel Rodríguez Mondoñedo; José Antonio Galloso, de José Antonio Galloso; Notas Canarias, de Fernando Velásquez; Amores Bizarros, de Max Palacios; La Fortaleza de la Soledad, de Gabriel Ruiz Ortega; Tanque de Casma, de Ernesto Carlín; Letras Lesivas, de Luis Ángel Pardo; ; Mundo de Teatro, de Carlos Vargas Salgado; Enfrentados, de Jorge Malpartida Tabuchi
Puente Aéreo, de Gustavo Faverón; Quipu
, de Gustavo Faverón. Con la participación de la revista Variedades del Diario El Peruano, de Lima, Perú y el programa bilingüe Haltestelle Iberoamerika, de Karlsruhe, Alemania www.querfunk.de/

El árbol

por Julio Meza


Al este de un cielo de nubes blanquecinas, el sol se levantaba con su característico vigor matutino (parecía un hombre luminoso que se despereza exhibiendo una panza abultada) y, con su fuerza natural, lanzaba sus rayos amarillos que producían iridiscencias en las rocas de los cerros imponentes. Varios metros más abajo, en el pueblo, las tejas rojizas y las ventanas de las fachadas brillaban por el emerger de la mañana, y estos pequeños resplandores formaban raras constelaciones que podían verse desde las lejanías. En la plaza, la iglesia mayor proyectaba una sombra alargada, que aumentaba de tamaño hasta atravesar el asfalto, ingresar al jardín central y refrescar la banca de madera que acogía a un mendigo. A una cuadra, en la calle que conducía al río de aguas tranquilas, se encontraban las casas de las personas más pudientes, y, por ello mismo, el sector más cuidado y agradable de todo el valle. Una de esas construcciones, que se ubicaba en una esquina concurrida, era la del señor, un hombre de edad avanzada, pero con un cuerpo tan recio que daba la idea que los años, en vez de afectarle, le habían dado una fibra invencible. Frente a su puerta principal, por donde recibía las visitas de sus pares, se ubicaba el resultado de las décadas completas que había llevado en ese lugar: un árbol de raíces profundas, tronco grueso y firme, y ramas y hojas de una gran abundancia.

-¡Cuánto se demora este bruto! -dijo el señor, saliendo a la vereda para buscar al jardinero.

A una centena de metros, el jardinero venía caminando lentamente, como si reflexionara con paciencia antes de dar cada paso. Sobre su espalda encorvada, y en una bolsa de rafia, llevaba sus herramientas de trabajo, algunas ropas y un frasco con gasolina. “Pero qué rico”, pensó, luego de sentir el calor del ambiente en su cuerpo, y se puso a silbar. La melodía que brotaba de sus labios era en apariencia alegre, pero tenía una corriente subterránea que la tornaba melancólica y, en algunos momentos, hasta vertiginosamente triste. Por más que se esforzó (puso un dedo en su boca y junto los dientes), no logró evitar el aire oscuro de su música. “Parece que mi interior me manda un mala señal”, caviló, y, sin embargo, continuó soplando con ritmo.

Luego de pasar por una bocacalle, vio al señor, que exhibía un rostro de exasperación, y recién avanzó con rapidez, pues entendió que estaba llegando tarde. “Uy, el señor está amargo, creo”, pensó.

Ya delante de su patrón, bajó sus cosas y saludó con verdadero cariño: - Señorcito, buenos días. ¿Cómo se encuentra hoy?

-A ti que te importa cómo estoy -respondió el señor, agresivamente-. Debiste aparecer hace media hora.

-Sí, señorcito -dijo el jardinero, bajando la cabeza-. Pero no se moleste. Al fin y al cabo, he llegado ya, ¿no?… Dígame, ¿para qué soy bueno?

-Primero, la próxima preséntate más temprano -manifestó el señor-, porque de lo contrario no te daré ningún encargo -y, relajando su mal carácter, señaló el árbol-. Bueno, ¿ves a ese?

-Sí.

-Deseo que lo hagas caer.

-Pero… -dijo el jardinero, mirando el árbol por un momento- ese está sano y fuerte. ¿Por qué quiere que lo baje?

-¡A ti qué te interesan mis razones! -el señor volvió a encolerizarse-. ¡Sólo córtalo!

-Como desee, entonces -aceptó el mandado el jardinero -. Lo haré lo más pronto que pueda.

-Espera -agregó el señor, rascándose la cabeza-. Si te lo cuento, tal vez trabajes con más ganas.

-A ver, señorcito.

-Mira, sucede que mi mujer está muy enferma -se explicó el señor-. Ella cree que va a morirse. Pero considera que eso no sucederá hasta que cante un ave de mal agüero. Y en el único lugar en que se puede colocar dicho animal es en ese árbol. Por lo tanto, mientras no exista esa planta fregada, ningún pájaro se hará escuchar.

-Entiendo, señorcito -dijo el jardinero, respetuosamente.

-Bueno, ahora me voy -finalizó el señor-. Tú ya sabes cuál es tu trabajo.


Mientras se retiraba el señor, el jardinero se paró delante del árbol y lo observó con atención: bajo el sol intenso, tenía un aire majestuoso y superior, como de alguien importante. “Además”, pensó él, “parece de ánimo duro y voluntad terca, igual que un señorón de esos”. De inmediato, el jardinero se acobardó, y contrajo el cuerpo hasta juntar la quijada con el pecho. Su meditación le indicaba que debía mostrar respeto, pues no estaba tratando con un igual. Pero, luego de unos segundos, cuando se dio cuenta que estaba frente a un árbol, se irguió por completo, se colocó en posición de pelea, y dijo en tono desafiante: -No me vencerá ni con su porte de señor ni con nada… ¡Y, por último, no permitiré que le haga daño a la señora!

Desde la perspectiva del jardinero, el árbol pareció responder a sus palabras: se agitó ligeramente, como si se estuviera riendo ante su amenaza.

***

-Ha llegado su fin, señor árbol -se animó el jardinero, levantando la tijera de podar-. Ahora sabrá de mi oficio.

Con una minuciosidad de artista, y sobre su escalera de tablas, empezó cortando las ramas más pequeñas. Para alguien no avisado, daba la sensación de estar realizando una labor de peluquería, pero trasuntada a los oficios que requieren las plantas. Luego de varios minutos, cuando terminó con su tarea, y dejó al árbol sólo con su enramado grueso, tomó el machete y, con golpes secos, acabó por tirar abajo esos brazos marrones y tortuosos. Ya con la cara y el pecho manchados de tierra, descendió al suelo, y procedió a alistarse para el trabajo más arduo: quebrar el tronco. Empuñando el hacha con ambas manos, taló una y otra vez, deteniéndose a ratos para secarse la frente o beber agua de una botella de vidrio. Media hora después, cuando estuvo a punto de concluir (sólo faltaban tres o cuatro hachazos), cogió la soga y, con mucha precisión, la envolvió a un lado del tronco. A continuación, tiró con potencia, hasta que, tras el grito “¡cuidado abajo!”, el árbol cayó vencido, desplomándose en su integridad.

-Le dije que acabaría con usted -soltó el jardinero, dibujando una media sonrisa-. Ahora, pues, le verá el señor.

Mientras tanto, el sol seguía gobernando con ímpetu, lanzando sus rayos como si estuviera dando su bendición a todos los seres existentes. En respuesta, las flores abrían sus pétalos de colores, invitando a que cayera en su interior un poco de la energía dorada que se desperdigaba por el campo; y los animales, con una alegría que manifestaba éxtasis, jugaban desplazándose de un lugar a otro y produciendo una bulla disonante pero feliz. Más allá, sin embargo, un conjunto de nubes albas, que poco a poco se volvían de un gris espectral, acechaban como fantasmas, y expandían su sombra tensa por algunos bastos territorios. A su vez, el viento, al que parecía fastidiarle la claridad del día, exhalaba hacia el este, ora con suavidad, ora con una potencia desgarradora, y, lentamente, desplazaba a los copos blancos del cielo a su encuentro con el astro rey.

Avanzando sin apuro, el jardinero se acercó a la casa y tocó la puerta. De inmediato, el señor se asomó y preguntó qué deseaba.

-Ya he acabado, señorcito -dijo el jardinero, con tono alegre-. Puede decirle a su señora que esté tranquila. Nada le va a pasar.

-Oye, ¿pero tú estás bruto? -se molestó el señor y, estirando un dedo, indicó-. ¡El árbol sigue allí!

-¿Qué? -se impresionó el jardinero, volviéndose-. Pero si hace un rato…

-¡Cumple con tu tarea, so vago! -concluyó el señor, y lanzó la puerta.

Estupefacto, el jardinero le puso los ojos al árbol con una cólera ardiente: este se hallaba con su tronco intacto, sin ninguna rama quebrada y con su mechón de hojas llenas de una vida arrogante.

-No me la va a hacer -reventó el jardinero, colérico-. ¡A mí no me la va a hacer!

***

En las alturas, el viento, que había soplado con una fuerza liberada, empujó las nubes a lo largo de varios de kilómetros y, habiendo logrado su propósito inicial, oscureció el ambiente de tal forma que todo se tiñó de una coloración ceniza. Las nubes, con su naturaleza ahora abultada y negra, expedían relámpagos incesantes y provocaban la sensación que, de un momento a otro, iban a explotar definitivamente. El sol, del que ya sólo se podía observar cierto resplandor y algunas de sus lanzas brillantes, moría sin luchar y estático, como si le hubiera sido suficiente su breve reinado.

-Con que sí, ¿no? -dijo el jardinero, destilando amargura.

Con movimientos presurosos, se sacó la chompa y el polo, y se amarró una faja de cuero alrededor de la cintura. Sin esperar un instante, cogió su hacha y, furiosamente, golpeó el árbol en su base. Repitió este acto numerosas veces, sin descanso ni para tomar un suspiro, hasta que logró dejar al aire libre el centro mismo del tronco. “Tendrá que derrumbarse”, pensó el jardinero, dirigiéndose al árbol. “A las buenas o a las malas”. Prosiguió con rabia cada vez más intensa, como si, en un arranque de locura, estuviera asestándole cuchillazos homicidas a una víctima que estuviera a punto de fenecer. Luego de uno minutos, con su entorno lleno de astillas de madera, el árbol empezó a inclinarse hacia la izquierda. Dejando la cuerda que uso anteriormente a un lado, lanzó terribles puntapiés contra la corteza pelada, y, rechinando estremecedoramente, el árbol se derrumbó.

-¡Le dije que no podría conmigo! -se exaltó el jardinero-. ¡Se lo dije!


Para que no haya duda de su logro, siguió asestándole tajos al árbol caído. Con el rostro y la espalda húmedos de sudor caliente, le dio duro a las ramas, casi sin distinguir las que eran pequeñas de aquellas de mayor tamaño. En quince minutos, y exhibiendo unos dedos encallecidos, tuvo a sus pies un enorme montículo verde y castaño. A continuación, aprehendió otro instrumento (una sierra), y prosiguió con el tronco desnudo. Sin conmoverse por la savia que se derramaba a manera de sangre, hirió progresivamente el cuerpo tendido, hasta sacar la primera rodaja de madera. Tres cuartos de hora después, no existía tronco, sino una docena de trozos circulares. “Aquí no acaba la cosa”, le dijo al árbol, mentalmente, mientras jadeaba de cansancio. “Sólo ha comenzado lo bueno”. Con el hacha, y ya gastando las últimas energías que le restaban, destrozó las mencionadas piezas y, como si fuera a prender una fogata, acumuló leña en grandes cantidades.

-¿Quién es el señor, pues? -dijo el jardinero, completamente cansado, pero orgulloso-. ¡Ahora dime quién es el señor!

-A quién le hablas, loco de mierda -gritó el señor, desde el interior de su casa.


El jardinero se volteó y, dirigiéndose al señor con un tono triunfante, le anunció: -¡Ya terminé! ¡Venga usted a ver cómo quedó!

El señor abrió la puerta y quedó callado, como si estuviera pensando la manera más punzante de responder un insulto.

-¡Tarado! -soltó por fin, y agregó, con la mirada ardiente: -¡Pero si allí esta el árbol! ¡Acaso tratas de reírte de mí!

Estupefacto, el jardinero dirigió su cabeza hacia atrás y, con las articulaciones temblorosas, se encontró con el árbol íntegro, tan igual como lo había visto a su llegada.

-¡Carajo, termina de una buena vez o ya no querré más tus servicios! -indicó el señor, y se marchó golpeando la puerta.

El jardinero, jalándose de las crenchas, gritó: -¡No puede ser! ¡No puede ser! ¡No le dejaré vencer! ¡No!

***

Explotando por un frenesí agresivo que le enfermaba la cabeza, el jardinero no reflexionó un momento, sólo se dejó llevar por el mero arranque del impulso, y empezó a empapar el árbol con la gasolina que tenía en una botella. Mojó la parte más expuesta, desde las zonas visibles de las raíces, hasta el tronco que se perdía por las ramas entreveradas. Como su pulso era descontrolado (no aguantaba la irritación que le producía haber sido derrotado dos veces por el árbol), manchaba el suelo y sus propios pies calzados con sandalias. Finalmente, empapó un trapo y, llevado por un afán piromaniaco, lo encendió con fósforos y lo arrojó al árbol. Este ardió como una antorcha gigante y crepitó sin cesar, expulsando densas humaredas negras.

-¡Le derroté! -saltó de alegría el jardinero-. ¡Ahora sí le derroté! -y se puso a reír con carcajadas enajenadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!


El sol había desaparecido por completo, sin dejar siquiera un modesto rastro de su presencia. Las nubes, que eran las nuevas gobernantes del cielo, lucían un negro intenso y, además de reventar en fragorosos espasmos de luz, echaban rayos como si fueran brujos vengativos. El viento, perdiendo toda coordinación, soplaba a mansalva, entreverándose en desorden y careciendo de un sentido claro. De un momento a otro, se escuchó un tronar más fuerte que todos lo anteriores, y, por un instante, se vivió una atmósfera paralizada, como si el tiempo se hubiera detenido en una fotografía.

Y, con violencia, llovió.

-¡No! -chilló el jardinero-. ¡No se liberará de esta!


Las llamas del árbol, que habían crecido considerablemente, empezaron a apagarse, y el humo brotó en espirales como una serpiente encantada de su canasta. El jardinero, sin esperar un segundo, y con movimientos torpes por la desesperación, echó más gasolina, y, por casualidad, se empapó el pecho y las piernas.

¡No le dejare ganar! ¡No! -aulló, y, sin ninguna razón, volvió a lanzar risotadas-: ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!

En seguida, prendió fuego. El árbol se envolvió en llamas, pero no con el mismo brío de antes. Con lo ojos desorbitados, el jardinero se puso a silbar, como lo hizo al principio del día. Pero ahora, acompañado de su música, también bailó, dejando huellas largas sobre el barro. Su tonada era exaltada, y hacía referencia a un triunfo supremo y una alegría espiritual. Era una melodía propia de fiestas carnavalescas, pues estaba compuesta de partes jubilosas y de un ánimo lujurioso. Pero, en lo profundo, tenía un aire lúgubre, que indicaba la melancolía que produce la proximidad de la muerte. Sonaba como el anuncio festivo y resignado de alguien que, pese a sus esfuerzos sobrehumanos, fallecerá.

El jardinero bajó mecánicamente la cabeza y, sin sorprenderse, descubrió que tenía la bota de su pantalón encendida. Ya sin cordura, se bañó con lo que restaba de gasolina, mientras expedía a grandes aullidos:- ¡Ja, ja, ja! ¡Ju, ju, ju!


Y, con el cuerpo en fuego a lo bonzo, gritó-: ¡Así usted morirá! ¡Morirá!

Y corrió a abrazarse al tronco del árbol: fuego y fuego se unieron y, hasta consumirse, no se apagaron.

***

No pasó mucho (de dos a tres horas) para que las nubes se desgastaran en su trance líquido, pues, a medida que evacuaban agua, se consumían al igual que cuerpos afectados por la hambruna. En un momento dado, desaparecieron del horizonte, y se presentó, con un aura renovada, quien gobernaba en un principio: el sol. Este, despidiendo su luz brillante, impartió una vida nueva a la atmósfera, que se mostró caliente y acogedora como una madre. El viento, por su lado, se relajó por completo, y únicamente se hacía sentir a manera de una brisa fresca que relaja los rostros y mueve con sutileza las cosas dóciles.


El señor salió de su casa y se encontró con una escena pavorosa: desperdigadas por el piso, había un hacha, una sierra, una soga, un recipiente y una tijera de podar; más allá, un cuerpo calcinado, que sólo mostraba como piezas intactas sus dientes blancos, se exhibía con un gesto furioso y tenso; y, al lado, el árbol se levantaba íntegro y con la vida lozana del que ha renacido.

-Pero… -se dijo el señor, sorprendido-. ¿Pero qué ha pasado?


De pronto, un ave negra se posó sobre una de las ramas gruesas del árbol. El señor, que la había visto llegar, cogió algunas piedras e intentó espantarla.

-¡Fuera! -decía-. ¡Fuera, monstruo!


Sin hacerle caso al señor, el ave negra abrió el pico y, haciendo primero unos gorgoritos, cantó con una sencillez sublime. Luego, esquivando uno de los proyectiles que le lanzaron, se marchó.

-¡Maldita! -le gritó el señor, alzando los puños-. ¡Maldita ave de mal agüero!

***

En la noche, bajo una luna colmada de reflejos, la esposa del señor murió luego de un vómito de sangre.

domingo, 16 de marzo de 2008

NOTICIAS DE LA FERIA DEL LIBRO DE FRANKFURT (Y DE LEIPZIG)

Arriba, el libro más bello del mundo 2008/Das "schönste Buch der Welt 2008", "Geohistoria de la sensibilidad en Venezuela", realizado por Alvaro Sotillo, que hoy recibe el galardón "Goldene Letter" en el marco de la Feria del Libro de Leipzig. Abajo a la izquierda, el logotipo de la Feria del Libro de Frankfurt que tendrá como país invitado a Turquia del 15 al 19 de octubre de 2008.

Por José Carlos Contreras Azaña
Lo que más me sorprendió cuando visité por primera vez la Feria del Libro de Frankfurt, fue su enorme dimensión, reducida en algo por los servicios gratuitos de buses que transportan a los visitantes de un pabellón a otro; asimisimo me llamó la atención el precio de los platos a la carta en sus restaurantes, aunque en los chiringuitos exteriores repletos de salchichas alemanas con mayonesa se venden a precios accesibles, y además, elevó mi curiosidad y sorpresa el lujo y el servicio de primera categoría del Centro de Prensa, y, la cantidad de ejemplares que los periodistas nos llevamos a casa.

Hay tanto que ver, tanto que oír, tanto que comer, que en media jornada uno queda exhausto, molido, con ganas de abandonar el recinto de la Feria tan bien conectado a través de trenes y buses. Desde el aeropuerto o desde cualquier parte del mundo, la feria cuenta con una de las mejores conexiones de transportes del planeta. De la puerta de tu casa a la Feria. Aquí el futuro del transporte es presente.

Desde la Feria de Frankfurt, que cumplirá en octubre 60 años de existencia, nos envían las siguientes novedades referentes al mundo de habla hispana:

Guten Tag José Contreras Azaña,

Glitzer und Glamour bietet das Frühjahr mit seinen Filmfestivals in Cannes und Berlin. Wir bieten Buchverlagen Tipps, wie sie mit auf den roten Teppich kommen. Weniger glamourös, dafür aber lukrativ ist das EU-Förderprogramm "Kultur2007". Wir zeigen, was es der Kulturindustrie bringt und nehmen die Angst vor den Papierbergen. Außerdem stellen wir in dieser Ausgabe das German Book Office in New Delhi und den indischen Buchmarkt vor. Nicht zuletzt: Im Oktober wird die Frankfurter Buchmesse 60 - Anlass für uns, schon in diesem Newsletter eine Leseraktion zu starten: Wir würden uns freuen, wenn Sie uns Ihre persönliche Buchmesse-Geschichte erzählen würden!


Viel Spaß beim Lesen!

caroline vogel
A pesar de la carestia que sufre Cuba, el mundo editorial celebró la 15° edición de la Feria del Libro de La Habana, que fue visitada por más de 600000 personas. En el 2006, 255 editoriales cubanas publicaron 2606 títulos, informa Rolf Manfred Hasse, en la entrevista titulada Kuba: Wo eine Buchmesse zum Volksfest wird (1).
La Unión Europea, a través de su programa "Kultur", fomenta la traducción de autores europeos en otras lenguas europeas. Anualmente hay un presupuesto de 1,7 millones de euros. El proyecto durará hasta el 2013 y contará con algo de 400 millones de euros.(2)
La Fundación Buchkunst ha premiado con el "Goldene Letter",die "Schönste Bücher aus aller Welt"/el libro más bello del mundo, al libro venezolano "Geohistoria de la Sensibilidad en Venezuela", de la Fundación Empresas Polar, realizado por Álvaro Sotillo (3). Por otro lado, el escritor hispano-peruano Mario Vargas Llosa ha sido galardonado con el premio Freiheitspreis der Friedrich-Naumann-Stiftung, por su compromiso ante los varoles liberales y los derechos civiles en América Latina (4).
Existen más informaciones, pero apunto y traduzco las referentes a nuestra lengua.
Para terminar, les cuento que hace dos años visité la Feria del Libro de Lima, compacta, íntima, breve, con proyectos como Sarita Cartonera que me fascinaron un montón y gente linda de latinoamérica que me llenaron las manos de libros. Me traje uno de leyendas selváticas peruanas "Narraciones de la amazonía" de Roger Rumrill. Es una joya para mis alumnos alemanes. Cuando visito al elefante de la Feria del Libro de Frankfurt me llega la nostalgia y me acuerdo de mi hormiga de Lima. De su gente, de sus pasos, de sus libros regados como flores a la orillas del Rímac, que no es el río Main, el río que atraviesa Frankfurt y que cantaba Goethe.
En fin, ¡que vivan los libros que se palpan, que se huelen, que les salen "orejillas" o que se dejan llenar de garabatos! Que no se molesten los agoreros del Big Bang digital y la revolución en internet del mundo del libro. Les recomiendo leer la edición de Babelia de ayer sábado que abordó ese tema. Ya tengo las manos manchadas de tinta del diario El País, tras las siete páginas de "Literatura sin papel"(5)



4) Freiheitspreis der Friedrich-Naumann-Stiftung:
Mario Vargas Llosa insbesondere für sein Engagement für liberale Werte und mehr Bürgerrechte in Lateinamerika
5) Babelia 851. Páginas del 1 al 7. Diario El País. Sábado 15 de marzo de 2008.

sábado, 15 de marzo de 2008

RADIO Y LITERATURA

Portada del libro "47 minutos y 11 segundos en la vida de Marie Bender" del autor Rainer Juriatti, publicado en febrero de 2008 por la editorial Otto Müller y que ha sido presentado en la Feria de Libro de Leipzig y en Literadio( 1).

Por José Carlos Contreras Azaña

Radio y literatura han sido desde siempre un buen binomio arropado por la complicidad del oyente y la magia del hablador radial. Dicen que Samuel Bekett escribía obras de teatro para la BBC y que el poeta Dylan Thomas fascinaba con su poesía a las familias que se arremolinaban alrededor de un receptor.

Eran otros tiempos: sin internet, ni televisión, sin e-books ni blogósfera. Tiempos en que la radio resistía bromas de profunda corteza como la de Orson Welles que en 1938 a través de la cadena CBS escenificó una invasión marciana que puso los pelos de punta a la población.

Radio y literatura siguen ligadas íntimamente, pero forman parte de casi un club secreto de oyentes desperdigados sobre una inmesa oferta banal que ha convertido a la radio en una mera caja musical y de noticias.

Sin embargo, a pesar de este panorama siguen floreciendo proyectos por acá y acuyá que continúan avivando ese romance imperecedero entre la radio y la literatura.

Literadio en pleno trabajo en la Feria del Libro de Leipzig.(2)

En el marco de la Feria de Libro de Leipzig, una de las ferias más famosas de Alemania que se inició el jueves y que finalizará mañana domingo, las radios libres europeas de habla alemana están demostrando, que año tras año, consolidan su importante papel de agentes transmisores de un cada vez más creciente número de horas de producción de programas literarios. En este caso nos referimos al proyecto Literadio (www.literadio.org), que entre sus objetivos está archivar las voces de los participantes en las conferencias literarias de la presente Feria del libro de Lepzig, y, emitir algunas horas en vivo entrevistas y reportajes sobre las obras que se dan a conocer en esta feria.
La emisión de programas se inició el pasado jueves, y, autores como Eva Rossmann, Iris Hanika, Silvana Steinbacher, Martin Pollak, Bora Cosic, entre otros, han pasado por sus micrófonos. Los programas son emitidos en simultáneo por cuatro radios austriacas y por la red de Radios Libres de Alemania.
Por ejemplo, para mañana domingo 16 de marzo, Literadio cerrará la Feria de Leipzig con los siguientes temas:
Domingo/Sonntag. 16 de marzo de 2008:
07.00 - 09.00 (hora de Alemania) Repetición del programa del sábado 15 de marzo.Además se entrevistará a Monique Schwitter sobre su libro Ohren haben keine Lider. Georg Petz hará una lectura de su libro Unstillbare Wut. Y habrá una conversación con el editor Lojze Wieser sobre el paisaje literario de Croacia. Literaturlandschaft Kroatien.
14.00 - 16.45 - LIVE
*Entrevista con el autor Wolfgang Millendorfer, sobre su libro"Stammgäste".
*Heger Moritz:In den Schnee (Lectura)
*Ashis Nandy:Der Intimfeind. Verlust und Wiederaneignung der Persönlichkeit Gandhis ( Conversación y traducción de Lou Marin)
*Tema: Libro contra el audio libro (Reportage).

En estos tiempos, en que las tecnologías emergentes a través del ciberespacio está transformando el perfil clásico del libro, seguro que llegará el día en que las ferias de libros se visiten online. ¿LLegaremos a verlo?. Por ahora la radio, que también ha llegado a Internet, no ha sido dejada de lado. Esperemos que se exploten o se refunden sus canones, a pesar que suene a retroceso, en estos años en que si Gutemberg volvería a la vida se quedaría espantado con tantos lectores internautas.

( 1) Reiner Juriatti: "47 Minuten und 11 Sekunden in Leben der Marie Bender". Editorial Otto Müller Verlag Salzburg. Febrero 2008.
(2) Literadio. Link zu Literadio

viernes, 14 de marzo de 2008

HOY HE COMPRADO UN MANGO PERUANO

Fuente fotográfica: Rosie Lerner, Purdue University.

Hoy he comprado un mango peruano.

Puede parecer gracioso que lo diga, pero sucede que, para un emigrante peruano anclado en el centro de Europa (al menos aquí en la ciudad tecnológica de Karlsruhe), encontrarse en un supermercado con un cartón con la inscripción PRODUCT OF PERU conteniendo mangos, es igual a una fiesta sin invitados y sin alcohol.

Este mango -que ahora acicala con su rojizo color, por abajo; y verde por arriba, la mesa de la cocina- no tiene nada que ver con los mangos que solía comer en la casa de Lima.

Después de adquirirlo, lo he topado, lo he acariciado, lo he olido, como podría oler, un perro zarcero bajopontino, una flor en la Alameda de los Descalzos. Y, mientras respiraba sus aromas, me han venido a la memoria aquellos niños que abordaron intempestivamente el tren que hacía la ruta Quillabamba-Cuzco, en un invierno de un año que ya no recuerdo, para vender costales repletos de mangos, mangos olorosos, mangos amarillos, mangos suculentos, gordos y jugosos como después lo pude comprobar.

En aquella ocasión, el olor intempestivo que entró al vagón me conminó a comprar un mango por el mismo precio que se pagaba por un costal de mangos. Uno de los pequeños vendedores se negó a venderme un solitario mango. O todo o nada, me dijo. Y yo sólo quería un mango y le pagaba lo que costaba un costal, pero, mama mía, nunca he conocido un vendedor tan pertinaz y leal a su objetivo como ese niño; sin embargo, otro niño vendedor que había escuchado mi solicitud, tomó su costal, le hizo un agujero y sonriendo me sacó,un mango, y lo peor, no me quiso cobrar. Insistí en pagar, pero sin resultados, así que me fuí a mi asiento con mi mango en la mano para sorprender a la vistante europea que iba conmigo.

Un mango es mágico.

Cuando llegué a Alemania, en las primeras semanas empecé a conocer gente de distintas nacionalidades. En una ocasión conocí a una chica de Madagascar que me hablaba de mangos. Era misterioso escuchar de la boca de una mujer isleña hablar de los placeres que provocaban al paladar los mangos de su país, hecho que me causaba molestia, porque, en aquel entonces, pensaba que la sabrosura enigmática del mango sólo eran propiedad única de las selvas de mi tierra.


En München, existe un mercado que se llama Viktualienmarkt. Allí ,en el año de la celebración del último Mundial de Fútbol, me encontré con una variedad de mangos, rodeados por otra variedad de frutas de increibles procedencias. Frutas cuyos nombres y formas desconocía. Lo que me llamó la atención era el precio de algunos ejemplares. Cien gramos de una fruta "x", costaba hasta 50 euros.

Ahora tengo mi mango peruano en casa. Voy a esperar a que madure. Lo voy a acariciar cada día. Y a olerlo, y, si hacen efectos las noches de lecturas de libros sobre las artes mágicas de las brujas, voy a frotarlo, como si fuera la lámpara de Aladino, para ver si ese niño que me regaló un mango cerca de Macchu Picchu, vuelve a reaparecer y me vende el resto de su costal.

lunes, 10 de marzo de 2008

MALETA DE SORPRESAS




El año pasado trajimos desde Leipzig una maleta repleta de libros.Una maleta pesadísima que a duras penas la pude cargar hasta el coche, y luego, ya en Karlsruhe, la metí a casa a regañadientes y la arrinconamos en una esquina del cuarto de trabajo. Gracias a Dios que me negué en muchas ocasiones a llevarla al sótano, algunas veces por flojera, y otras, por miedo a enfrentarme a esas toneladas de libros, cuyos títulos aún desconocía. Pero este sábado se abrió el misterio.

Ese día, Arthur se acercó a ella con gran preocupación. Le pasó las manos de arriba abajo, la palpó como palpa a veces la piel de mi rostro- y a veces la araña- entonces tomé la maleta y la eché al piso. Luego se subió sobre ella como sobre un dromedario. En ese momento la curiosidad de Arthur multiplicó la mía. Los dos, abrimos lentamente la cremallera y empezaron a sacar las cabeza un sinnúmero de libros.


Arhtur los fue rescatando, de la panza del dromedario, poco a poco: „Robin Hood“, „Hänsel und Gretel“, die Lustige Susanne, de Lilo Hardel; Lieder aus dem Butzenmannhaus; Böhmens alte Sagen, de Alois Jirásek; Der Vogel mit den goldenen Federn de Elen Bedenek; Pinocchio, de C. Collodi; Die seltsamen Abentuer des Parzival, de Werner Heiduczek; Der schwarze Pfeil, de Robert L.Stevenson; Nikitas Kindheit, Alexej Tolstoi, y otros más.


Luego nos tiramos sobre la alfombra para hojearlos tranquilamente, aunque la verdad, él se dedicó más a morderlos y romperlos. Por la noche tuve adherir con cinta adhesiva un par de joyas de literatura infantil que acompañó la niñez de Babett en su Leipzig natal.


¡Cuanto pesa la literatura!. Cuanto pesaba esa maleta. Me dicen que en el sótano todavía hay un par cargadas de sorpresas. Uno de estos días me daré tiempo de arañar las barriguitas de estos libros, como si fuera un felino dispuesto a comerse los ratones vestidos de letras alemanas. Escribo esto mientras Arthur duerme, y miro la maleta, de reojo, tendida con su panza abierta.